El paraguas, objeto cotidiano para protegerse y guarecerse de la lluvia.
En el siglo XI en China, el paraguas o el quitasol era ya un hecho. Digo quitasol, porque la primera misión o por el que fue fabricado no va más allá de lo que el mismo nombre le da, quitar el sol. Poco tiempo más tarde, su utilidad evolucionó a la de “para aguas”. Durante un largo tiempo el sencillo pero ingenioso objeto era un símbolo de poder y señorío, y gran cantidad de entidades históricas ilustraron su poder económico y social con el mismo.
Con el paso de los años su prestigio y simbolismo bajó, el simple objeto llego a las manos de toda o casi toda la población de todos o casi todos lo países del mundo. Actualmente el paraguas esta en nuestras casas como un simple objeto mas de nuestro día a día, y con él nuestra desgracia.


Digo desgracia porque el paraguas es un término más en nuestras vidas que nos hace aburridos y grises. Cosas tan necesarias como que te de el sol en la cara para notar su calor o que el agua limpia y fría de la lluvia golpee tu cara para sentirte mas vivo, el paraguas nos lo suprime. La culpa no es del pobre objeto, la equivocación es nuestra por no querer ver y conformarnos con lo que realmente la vida nos ofrece, y partir de aquí, nuestros vicios y deseos se empañan de maldad y errores.
De pequeño agradecía el sol que salía cada mañana y penetraba sin preguntar por la ventana de mi casa, y si llovía me alegraba aun más por poder jugar con los charcos de la calle y que mi pelo quedara completamente mojado.
¿Quién no admira a los niños pequeños? Tan felices y despreocupados por lo que pasa a su alrededor, tan solo el momento importa, tan solo la felicidad predomina.
Puede que desde el principio de su existencia, el paraguas o quitasol, tanto objeto de alta gama o de su final mas práctico y sencillo fuera un error y como la mayor de nuestras creaciones. La prolongada lucha del hombre para sentirse el mayor ser vivo del universo va como siempre hasta el mayor de los declives, y como humanos que somos no aprendemos.
A veces el mundo necesita poder mirar hacia atrás y entender que no siempre un paso más es un paso mejor.
W. Shakespeare dijo:
Tú dices que amas la lluvia, sin embargo usas un paraguas cuando llueve.
Tú dices que amas el sol, pero siempre buscas una sombra cuando el sol brilla.
Tú dices que amas el viento, pero cierras las ventanas cuando el viento sopla.
Por eso es que que tengo miedo cuando dices que me amas.






La cita, es de W. Shakespeare, aunque fijo que la música propuesta x Marley le fue al dedo
Gracias por la aportación. Ahora mismo lo edito.